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Manuel Ortega Juárez, Manolo Caracol.

 Sevilla 1909-Madrid 1973.


Agli inizi fu conosciuto anche col nome di Niño de Caracol. Discendente di El Planeta. Iniziato da bambino all'arte flamenca. Nel 1922, a dodici anni, vince il primo premio del celebre concorso di Cante Jondo di Granada a parimerito con Diego Bermúdez, El Tenaza di Morón de la Frontera che in quel momento viaggiava per i settanta.
Questo concorso venne organizzato da Federico García Lorca e Manuel de Falla, don Antonio Chacón fu presidente della giuria. A seguito si presenta nella sua Siviglia sempre insieme al Tenazas ospiti del teatro Reina Victoria, vi farà ritorno un mese dopo per cantare insieme a don Antonio Chacón. Nello stesso 1922 debutta a Madrid presso il Teatro Centro. L'anno seguente realizza una tournée in tutta Spagna sempre insieme a don Antonio Chacón, Manuel Torre, El Gloria, Manuel Centeno ed altre figure di rilievo dell'epoca. Nel 1925 continua a girare la Spagna e canta a Madrid nel Teatro Pavón, in compagnia di La Niña de los Peines, Pepe Marchena ed El Cojo de Málaga in un concorso di cante. Nel 1930 forma lo spettacolo "Luces de España" insieme a La Niña de los Peines, Custodia Romero, Rafael Ortega Monje e Pastora Imperio.
Anni dopo i primi trenta, conclusasi la guerra civile, prende parte allo spettacolo "Cuatro Faraones" con El Sevillano, Juanito Valderrama e Pepe Pinto e con, in una stagione, la presenza in cartellone di Concha Piquer. Forma coppia nel 1943 con Lola Flores, presentando lo spettacolo "Zambra", di Quintero, León e Quiroga, con il quale, partendo da Madrid, viaggerà in tutta Spagna durante vari anni fino al 1951.
Durante questi anni diventa l'artista flamenco più popolare in special modo per le sue Zambras oltre che per altri canti da orchestra e con la diffusione delle sue registrazioni; è così che crea una autentica scuola !
Dopo l'immancabile tournée in America, come si usava allora, che realizza con Pilar López nel 1951, inaugura il suo spettacolo "La Copla Nueva" per presentare al pubblico sua figlia Luisa come canzonettista e cantaora.

'Color moreno', 'Arte Español' e 'Torres de España', sono i titoli degli spettacoli ai quali partecipa in compagnia di sua figlia fino al 1957. Il 1958 resta segnato dalla pubblicazione della sua antologia discografica
'Una historia del Cante', commentati dal Professor Manuel García Matos. Gira tutta l'America Latina, andando avanti per tre anni.
Nel 1961, attua nel 'Teatro Calderón' di Madrid, cantando per la bailaora Pilar López. Viene inaugurato lo spettacolo 'La copla ha  vuelto', con Luisa Ortega e Arturo Pavón.L'anno seguente canta nel tablao di Madrid Torre Bermejas in compagnia dei suoi figli. Nel 1963 inaugura il suo tablao, tuttora celebre, Los Canasteros intorno al quale da quel momento incentrerà il suo percorso artistico. Ciò avviene con figure importanti come Carmen Casarrubios, Curra Jiménez, La Polaca, sua figlia La Caracola, María Vargas, Trini España, La Perla de Cádiz, Gaspar de Utrera, Melchor de Marchena, Orillo, Paco Cepero e Terremoto de Jerez.


Nel 1965 gli viene concessa la 'Medalla de Oro de la II Semana de Estudios Flamencos de Málaga', con un tributo al quale partecipano una moltitudine di scrittori e artisti tra cui Pastora Imperio e Pilar López. Un anno dopo , nel Teatro Villamarta di Jerez de la Frontera, la giunta della 'XIX Fiesta de la Vendimia' gli tributa un omaggio consegnandogli una targa commemorativa. A madrid viene insignito dell'ordine di 'lsabel la Católica'.

Registra il suo ultimo disco  nel 1972 con il compiersi del cinquantenario della sua carriera artistica, il disco comprende il suo fandango di congedo. Scompare a causa di un incidente automobilistico nel febbraio del 1973. La messa a dimora delle sue spoglie costituisce una grande manifestazione di partecipazione al dolore in tutto il paese, è così che cominciano a essere dedicati alla sua memoria i festival flamenchi di diverse città andaluse, cosiccome con i corsi della 'Cátedra de Flamencología' di Jerez de la Frontera e la 'Fiesta de la Bulería', a Mijas una strada porta il suo nome.

  
Manolo Caracol era un 'cantaor largo' come dimostra la sua ampia discografia. Era orgoglioso di aver dato dignita all'arte flamenca nella sua versione teatrale. Partecipò ai film 'Un caballero famoso' e 'Jack El Negro' oltre ad essere stato protagonista con Lola Flores 'Embrujo' e 'La Niña de la Venta'. Vari poeti del calibro di Antonio Murciano, Rafael de León, Félix Grande, Antonio Hernández, Manuel Ríos Ruiz y Manuel Benítez Carrasco gli hanno dedicato numerose composizioni. A continuazione pubblichiamo in lingua originale le testimonianze di numerosi esperti e flamencologi sul cante e sulla vita di Manolo Caracol.


Anselmo González Climent: «Manolo Caracol está casi desligado de toda externidad amable. Va directamente al rajo angustioso y denso del jipío. Nada de flatus vocis al uso operista. Parece cante de aljamía. Sin embargo, hasta sus locuras conservan un hálito afiligranado de gracia plástica. Con el sólo ejemplo de Manuel Caracol se puede hablar de lo que buenamente puede entenderse por perfección flamenca. Siendo historia, y de lo mejor, Manolo Caracol es ante todo vida fluyente, devoradora... Sus jipíos -enteros, viriles, verosímiles- son negras bocanadas de jondura que atraen e incluso anonadan. Caracol infunde a la totalidad expresiva un sostenido impulso de jondura y de desgarro vital».

Gregorio Corrochano: «¡dichosos los que saben rezar cantando, como Manolo Caracol!». Antonio Murciano: «El cante de Manolo Caracol está hecho mitad de sombra y mitad de luz y su eco, único y gitanísimo, deja en los aires el llanto de la noche de los tiempos y el recuerdo del grito del primer día del mundo. Su voz me escalofría, me hace llorar, reír, morir y vivir. Me honro con su amistad y, flamencamente, me considero caracolero hasta los tuétanos».

Don E. Pohren: Para nosotros es en la reunión, en la fiesta, en el esplendor de la juerga, es donde mejor se aprecia el eco aguardentoso y el rajo de la garganta de Caracol en sus gitanas entregas por siguiriyas, soleares, bulerías, tangos y martinetes, hasta que él y sus amigos quedan transportados por la emoción. Es durante estas sesiones donde Caracol permite recorrer en libertad a su genio en una demostración sin precio de lo que es real y verdaderamente el cante gitano».

Carlos Murciano: «Ha pasado medio siglo. Sigue en pie el hombre. Sigue en pie -de pena, de embrujo- la voz. Manolo Caracol canta. Es un niño de once años. Es un hombre muy viejo, sin edad. Es una voz tan sólo. Una voz muy antigua, ensolerada, con duende, con esos sonidos negros con que Manuel Torre deslumbraba a Federico, el poeta... Manolo Caracol canta y el duende le asoma por la reja de los dedos o por el balcón de un tercio que se afila de pronto o por la azotea de un grito que se troncha al nacer estremecedoramente. Llora la voz madura del gitano, que ayer se adelantaba -niña- en intuiciones y hoy se tensa y se carga de nostalgias, de entrañables ausencias».

Julio Mariscal: «La voz de Manolo Caracol es como un gran sauce de luces y sombras, de alegrías y de penas; Una voz ancestral, única, distinta; una voz para el recuerdo».

Juan de la Plata: «Y canta. Y cantó con esa voz suya, con ese eco tan suyo, tan antiguo, tan flamenco, tan gitano, tan único. Eco de Caracol, de caracola marina, sonando a maravilla por siguiriyas, por fandangos, por malagueñas, por bulerías».

Manuel García Matos: «En la interpretación del auténtico y serio cante flamenco, Manolo Ortega, resitúa las hondas expresiones de este arte excepcional en el cimero y difícil punto a que las llevaron los más conspicuos maestros de la edad áurea de dicho arte... Pedidle sólo que os entone un simple y breve ¡ay! flamenco; veréis fluir de su garganta la onda llameante y estremecida de un sollozo que os penetra y conmueve, aunque no queráis. Sensible en grado máximo para el flamenco cante, casi no sabe emitir palabra del mismo sin poner en ella calor vital de emoción muy sentida. De esta forma, sus interpretaciones de lo flamenco son siempre vividas y crepitantes, al par que de una expresividad sobrecogedora... Respetando sabiamente las líneas melódicas de los cantes, lo que en ellas debe ser considerado como fundamental e intangible, las amplía y hermosea con agregaciones de motivos, adornos y rasgos de estilo personal, que en algunos casos imprimen a los cantes una fisonomía de apariencia nueva. Estos añadidos siempre resultan recreadores, inspirados y cargados de sentido. De continuo traducen latidos del sentimiento o bien refuerzan la expresión, haciéndola más intensa e incisiva. Efectos semejantes únicamente pueden y saben producirlos los intérpretes superdotados. En este terreno, Manolo Caracol no ha sido jamás superado por nadie».

Manuel Díaz Crespo: «El cante de Caracol es un cante de inspiración. Como lo fue el de Manuel Torre, aquel jerezano sabio que tenía tanto de faraón. Hasta tal extremo esto de la inspiración es cierto, que Manolo Caracol espera al duende, como el torero espera al toro. Sale el cantaor al tablao como el matador sale al ruedo, sin saber cómo va a embestirle el toro. En este sentido, Caracol espera al duende. ¿Por dónde me va a salir?, se pregunta... Caracol improvisa sobre la marcha. Lo cita, acude y le da sus tamices al compás de los tercios de cada cante. Hasta tal extremo que Caracol improvisa hasta la letra».

Julio Coll:«Han oído alguna vez a Manolo Caracol cantando fandangos? Si no lo ha oído, hágalo enseguida. Escuchen atentamente su entrada y descubrirán que no hace falta mucha erudición para especular sobre el origen moruno de los cantes grandes del país de la Macarena. Su forma de respirar y de decir, cuando dice conteniendo la respiración; la forma de soltar las palabras en medio del ahogo de sus ayes, que son una delicia dramática de bueno y sofocante cantaor. Hay mucho sol de patio andaluz en su cante. Ese sol oblicuo que recorta la sombra como un gran trazo negro... Manolo Caracol es mi gran tipo como artista... ¿Y su malagueña? Cuando Manolo adelgaza la voz y le da como una curva descendente a su cante, para pronto reconciliarse con la guitarra en un alto empujón en forma de espiral -esa es la sensación-, sus malagueñas son una delicia. Y cuando entra por tientos, con el fino, tiento de su gran clase como cantaor, Manolo Caracol pone la piel de gallina. Cañas, soleares y bulerías, acompañadas por la guitarra de Melchor de Marchena, cuyo son tiene la calidad de un bajorrelieve, Manolo Caracol deja el vivo recuerdo de su gran valía... Desgarrada, fosca, quebrada y refulgente -que todos los adjetivos son aplicables a ese genio del cante-, la marca de Caracol es indeleble. Su voz personalísima, su (¡eje inconfundible y su forma de agarrar el aire para entrar en el cante de la marca que sea, hacen de él una pieza única y muy destacada. El famoso Iiiiu, iu, iiiu, iu, iiiiu.../ liiiiiiiiuuuu... de su famosa caña, es algo que se recuerda con admiración. Gran improvisador, Manolo Caracol tiene siempre a punto la inspiración para redondear los giros, para remachar con los clavos de su instinto de cantaor las más amplias acometidas de su fuelle para sostener la voz en el aire sin caída, en un volatín casi circense, amparándose siempre en sus fabulosas facultades, tanto físicas como sentimentales. Porque Caracol no es frío, ni académico, ni clasicista. Es el gladiador del cante que entra en él como en un circo romano, dispuesto siempre a la lucha con los duros leones de los duros de oído o flacos de sensibilidad... Manolo Caracol es la figura indiscutible de ese arte que se rompe y rasga en cuanto uno lo acomete sin autenticidad, hecho de aire, de ronquera, de desgarro, y que tan bien le sienta al hondo ahogo de esa voz que pasará a la historia».

Tico Medina: «Bastaba que abriera la voz ronca aquel hombre ancho -no del todo bien conocido por todos-, espléndido en la noche, amador de la vida y la amistad, para que, aunque fuera como un silbo vulnerado, como un alarido o como un suspiro, la carne iluminada del cante diera su fruto y su forma. Sabía romper el molde de todas las coplas. Cantó el folklore popular andaluz como nadie. Su Sarvaora -una mano levantada; la del anillo; la otra, en la pierna, a la altura militar de la raya del pantalón, está en las antologías de la copla del Pueblo, la que no se agota, ni se acaba>,. Agustín Gómez: «Caracol, al contrario que Mairena, no fue un luchador; buscó siempre la pendiente para dar curso a su caudaloso río. Prefirió el escenario del teatro al cuarto de cabales porque en su compleja personalidad artística había un actor que no podía callarse, un actor potenciado por su genio flamenco... Lo de Caracol para unos pocos, que pueden no ser los más entendidos pero sí los de más poder adquisitivo en cuanto a sensibilidad flamenca, los sibaritas de la buena mesa, los que prefieren el bocado exquisito dejándose en el plato la lechuginada que, en mesa de gran lujo, acostumbra a acompañarle».

Manuel Ríos Ruiz: «Es posible que Manolo Caracol sea la culminación de la dinastía cantaora más importante de la historia del flamenco, la que deviene de El Planeta y se engendra con el cruce de los descendientes de Curro Durse y El Gordo Viejo. Una sangre más destilada en lo flamenco no la hubo nunca y difícilmente será posible la repetición del fenómeno. Caracol, por lo tanto, llevaba el cante más en la sangre que en la cabeza. Su naturaleza espiritual y física no conocía otra fisiología que lo flamenco, De ahí que fuera su prototipo. Cantaba flamenco porque vivía en lo flamenco. Nunca tuvo que pensar en el cante, porque se creía el cante mismo. Todo lo había aprendido sin darse cuenta, sin saberlo, por ello lo asumió de forma tan natural que lo había olvidado y por tal causa lo improvisaba a cada tercio. De todo el cante de su ralea hizo el suyo sin esforzarse lo mis mínimo. Lo que pasa es que lo sentía tanto en su corazón que al plasmarlo tornaba el cante su figura. Por otra parte, su voz era la idílica para el cante. 0 sea, la voz que la imaginación popular había creado, la voz cantaora por excelencia. Y él la acompañaba con su porte. Ninguna otra presencia le ha prestado a una voz mejor espejo y sostén. Fue un intérprete que sin perder nunca de vista las lindes de su arte, supo traspasarlas y seguir siendo jondo, genuino y puro por los atributos de su genialidad. Su prematura retirada oficial, su pereza para competir y su inclinación por no complicarse la vida, privó a los aficionados de un posible contraste de sus maneras personales, pero legítimas, con la ortodoxia a ultranza, lo cual hubiera sido muy beneficioso para sacar conclusiones acerca de cuales son de verdad los intrínsecos valores del cante, si el academicismo o la inspiración; pues Manolo Caracol, aun en sus facetas de artista flamenco popular con sus zambras orquestadas, que tanto mal hicieron al cante, no por él, sino por la cantidad de malos imitadores que le salieron, dejó siempre en sus interpretaciones el matiz de la indudable jondura con el embrujo de su voz afillá. Junto a su frivolidad profesional -cuyos motivos tal vez puedan justificarse-, tuvo el gran mérito de ser personalísimo a la hora de cantar un repertorio sumamente amplío, hasta situarse fuera de discusión por tan discutido intencionadamente. A la hora de situar a Manolo Caracol en los anales del flamenco, habría que ponerlo junto a Silverio, don Antonio Chacón, Manuel Torre y Pepe Marchena, entre los Maestros y los genios. Ya escribí en un poema que "el cante era él y era una bomba". Y la bomba estallará, porque conforme pase el tiempo más glorioso será su cante. Un cante tan heredado como original y eso es un caso que muy pocas veces se ha dado desde Tío Luis el de La Juliana hasta la fecha, pues para consumarlo hay que ser un genio. Caracol lo era».

 

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